jueves, 27 de agosto de 2009

La hiperinflación es el crecimiento de la inflación a una tasa muy alta en un período de tiempo muy corto. Por lo general, la hiperinflación se produce en un contexto de fuerte desestabilización de la economía unida a problemas políticos o situaciones de guerra.

A continuación veremos ejemplos de algunos de los casos de hiperinflación más famosos del siglo pasado:


LA PEOR HIPERINFLACIÓN DE LA HISTORIA: REPÚBLICA FEDERAL DE YUGOSLAVIA
Entre los años 1991 y 1992, la República Federal Socialista de Yugoslavia sufrió la separación de cuatro de las seis repúblicas que la componían: Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia-Herzegovina.

Después de esto pasó a llamarse República Federal de Yugoslavia, formada por las dos restantes repúblicas: Serbia y Montenegro. Tras los fuertes enfrentamientos internos y la crisis política vivida entre los años 1991 y 1992, la nueva República Federal de Yugoslavia debió enfrentar el peor episodio de hiperinflación que se ha registrado en la historia, sucedido entre 1993 y 1994. Debemos recordar que esta nueva República venía de una tradición socialista de la que había heredado gastos gubernamentales muy altos. Apenas unos años antes había iniciado su transición al sistema capitalista y el gobierno tenía dificultades para cubrir sus gastos, de manera que empezó a imprimir billetes para financiarse, lo que presionó grandes alzas en los precios.

El gobierno trató de contener la inflación imponiendo controles de precios, es decir, estableciendo los precios máximos a los que se podían vender los productos; pero debido a la persistente inflación, esto hizo que los productores obtuvieran precios demasiado bajos y se rehusaran a vender sus productos en las tiendas del gobierno. Otras tiendas prefirieron cerrar sus puertas y los agricultores optaron por no sembrar antes que vender a precios tan bajos.

Sin embargo, el problema de fondo no era sólo controlar el crecimiento de los precios. Al generarse una inflación acelerada la gente se enfrenta cada día al problema de que el dinero que recibe no le alcanza para comprar sino una pequeña proporción de lo que podía comprar antes; así, la hiperinflación se ve acompañada de una pérdida generalizada de la confianza en la moneda; por esta razón, para salir de un período de hiperinflación es necesario que el gobierno lleve a cabo los ajustes necesarios para estabilizar la economía y, además, cambie la moneda. El cambio de moneda restaurará la confianza de las personas y en esa medida el dinero recuperará sus funciones de medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor. Parte de lo que alimenta una hiperinflación es el hecho de que nadie quiere conservar la moneda en sus manos sino que prefiere cambiarla de manera permanente por otros objetos o monedas.

Así, en octubre de 1993 el gobierno creó una nueva unidad monetaria. La moneda yugoslava era el dinar y se decretó como nueva moneda el nuevo dinar, que sería equivalente a un millón de viejos Dinares. A pesar de esas medidas, el dinero seguía perdiendo su valor, muchos negocios se negaban a aceptar la nueva moneda yugoslava y se empezaron a realizar transacciones en marcos alemanes; sin embargo, a los empleados gubernamentales y los pensionados todavía se les pagaba en dinares yugoslavos, de manera que todavía existía un intenso intercambio en esa moneda.

El 24 de enero de 1994 el gobierno introdujo otra nueva moneda, el superdinar, que era equivalente a diez millones de nuevos dinares. En menos de doce meses Yugoslavia ya había tenido tres tipos de monedas diferentes: Dinar, Nuevo Dinar y Superdinar. A pesar de estas medidas, la inflación siguió su curso, al punto que entre octubre de 1993 y enero de 1995 el incremento porcentual de precios fue de un cinco seguido de quince ceros: 5.000.000.000.000.000%.

LA HIPERINFLACIÓN ALEMANA
Podría afirmase que la hiperinflación que sufrió Alemania en 1922 empezó a gestarse durante la primera guerra mundial (1914-1919); por aquella época, el gobierno alemán estaba convencido de que iba a ganar la guerra, y por este motivo decidió financiar los gastos de la guerra mediante préstamos y no mediante el cobro de impuestos a sus ciudadanos, ya que tenía la esperanza de que al finalizar la guerra y ellos ser los ganadores, iban a tener la manera de forzar a los perdedores para que pagaran los costos del conflicto.

Pero nada de lo que esperaba el gobierno alemán sucedió. Alemania perdió la guerra y los ganadores le impusieron fuertes multas para reparar los daños que había dejado el conflicto. Los alemanes, por su parte, consideraron que estas multas de reparación eran injustas y se negaron a pagar. Como represalia por no pagar, Francia y los otros aliados ocuparon una zona industrial ubicada en la frontera occidental alemana llamada Ruhr. Esta ocupación hizo que Alemania se viera forzada a utilizar cada vez más moneda extranjera, al tiempo que le impedía cobrar impuestos a los productos que entraban por esta zona.

Todo esto hizo que la situación económica de Alemania fuera cada vez más difícil; así, al verse incapaz de cubrir sus gastos, el gobierno empezó a imprimir dinero para financiarse. Esto hizo que el marco alemán perdiera cada vez más valor frente a las monedas extranjeras y, por tanto, que los productos importados fueran cada vez más costosos.

Los precios aumentaban y el gobierno debía seguir imprimiendo dinero para cubrir sus gastos. Los precios empezaron a crecer de una manera descontrolada y se cayó en un proceso de hiperinflación. Los precios subían varias veces en un mismo día y la población alemana buscaba deshacerse de su dinero tan rápido como fuera posible, antes de que siguiera perdiendo su valor y tuviera cada vez menor capacidad de compra.

Para mediados de 1923, el dinero perdía su valor con cada minuto que pasaba: una barra de pan podía costar 20.000 marcos en la mañana y 5’000.000 de marcos en la noche. Los precios en las cartas de los restaurantes aumentaban mientras sus clientes comían, y a los trabajadores debían pagarles dos veces al día debido a la constante pérdida de valor del dinero.

La hiperinflación hizo que la gente no quisiera mantener el dinero en sus manos porque perdía valor. La crisis de confianza en el marco alemán hizo que las personas buscaran realizar las transacciones sin tener que utilizarlo, reemplazándolo por otros bienes o por moneda extranjera. Al final de la crisis el valor del marco había disminuido tanto, que un dólar estadounidense ya era equivalente a 4,2 trillones de marcos alemanes.

EJEMPLOS RECIENTES DE HIPERINFLACIÓN EN AMÉRICA LATINA

Bolivia
A lo largo de los años ochenta, Latinoamérica vivió varios episodios de hiperinflación, algunos de los casos más conocidos son los de Argentina, Bolivia y Brasil. El más dramático de estos casos y uno de los peores a nivel mundial fue el ocurrido en Bolivia, entre 1984 y 1985.

El proceso de hiperinflación boliviana estuvo precedido por una gran inestabilidad política: el período comprendido entre 1978 y 1982 estuvo caracterizado por sucesivos golpes de Estado, tanto que en sólo cuatro años llegó a haber nueve jefes de estado; situación que afectó fuertemente la economía boliviana, lo que se vio reflejado en una significativa disminución de la producción nacional y de las exportaciones.

A comienzos de la década de los años ochenta hubo un cambio en el gobierno boliviano, lo que trajo mayor estabilidad política; sin embargo, los problemas económicos se acrecentaron ya que los gastos del gobierno empezaron a aumentar y sus fuentes de financiación a disminuir. Es decir que hubo un aumento en la cantidad de dinero que el gobierno boliviano debía pagar, pero tenía cada vez menos recursos para hacer estos pagos. Estas dificultades de financiación se debían, principalmente, a que cada vez era más difícil conseguir préstamos internacionales, la economía no estaba teniendo un buen desempeño y el recaudo de impuestos había disminuido; de manera que para poder cubrir sus gastos, el gobierno boliviano recurrió a la impresión de billetes, lo que llevaría más tarde a un fuerte proceso de hiperinflación.

El proceso de hiperinflación empezó en 1982, y su momento más crítico se vivió entre los años 1984 y 1985; la tasa de inflación en estos dos años llegó a ser tan alta, que en algunos meses los precios alcanzaron un aumento increíble: por ejemplo, en agosto de 1985 la inflación ascendió a 20.560%, pero un mes más tarde esta suma se situó en 23.447%; aunque cabe anotar que, en promedio, la hiperinflación se mantuvo en 11.700%; así, ¿te imaginas que un dulce pase de costar $100 a $1’170.000 en un solo año?

Como en otros casos de hiperinflaciones, la baja de precios vino de una manera repentina. En agosto de 1985, y tras un nuevo cambio de poder en el gobierno boliviano, empezó un proceso de estabilización económica. Para fortuna de la población boliviana, las reformas iniciadas por el nuevo gobierno surtieron efecto al poco tiempo.

Argentina
Al igual que en Bolivia, el caso de hiperinflación argentina estuvo precedido por una fuerte crisis política y por un pobre comportamiento de la economía nacional; este proceso de hiperinflación se inició en 1981 y alcanzó su momento más crítico en 1985.

La economía argentina venía teniendo un desempeño poco favorable: desde 1975 el crecimiento económico anual había sido muy bajo, a lo que se sumaba el constante aumento del déficit fiscal y de la deuda externa.

En 1981 la tasa de inflación ascendió a 131% anual y en 1982 siguió aumentando hasta llegar a 210% anual. El fenómeno inflacionario no cesaba hasta el punto en que la tasa de inflación anual de 1983 llegó a ser de 400%, mientras que los salarios sólo aumentaron un 100%. Esto significó una enorme pérdida de poder adquisitivo para los argentinos ya que, mientras el salario de los trabajadores se multiplicó por dos, el costo de vida se multiplicó por cuatro.

A finales de 1983 se reestableció el sistema democrático después de varios años de dictadura militar; esto trajo una mayor estabilidad política y un poco de estabilidad económica, pero aún así la tasa de inflación seguía siendo muy elevada. La situación empeoró en 1984, año en que la inflación llegó a 627%, y a principios de 1985, cuando ascendió a 672%.

Para frenar este proceso inflacionario, el gobierno argentino decretó la congelación general de precios y promovió un cambio de la moneda nacional. En el año 1985 se eliminó el peso argentino como moneda nacional y se introdujo el austral. Esta nueva moneda sería equivalente a mil pesos argentinos.

Para que estas reformas pudieran tener efecto, el gobierno se comprometió a frenar las impresiones de dinero que había venido haciendo para cubrir sus gastos. Gracias a que se cumplió la promesa de no seguir emitiendo dinero, los efectos del cambio de moneda y de la congelación de precios empezaron a verse muy pronto. Entre junio y julio de 1985, tan sólo un mes después de adoptadas estas reformas, el aumento de precios se redujo de 30,5% a 6,2%.

Sin embargo, la alegría no habría de durar mucho. En 1989 se volvió a acelerar la inflación, esta vez hasta alcanzar un nivel anual superior a 3.000%; con esto, para reestablecer el orden de los precios fue necesario varios cambios políticos y económicos: el presidente Raúl Alfonsín fue reemplazado por Carlos Menem, quien, luego de tener tres ministros de economía, logró establecer el llamado Plan de Convertibilidad, el cual determinó una tasa de cambio fija entre la moneda argentina y el dólar, eliminó el aumento automático de los valores de contratos como los arriendos o los salarios a la par de la inflación (lo que se conocía como indización), y prohibió que se emitiera moneda que no estuviera adecuadamente respaldada por reservas del Estado; además, el Plan de Convertibilidad fue una herramienta eficaz para luchar contra el aumento de los precios, al punto que la inflación cayó a menos de 1% mensual, e incluso llegó a ser negativa en algunos meses.

Brasil
En el momento en que ocurre la hiperinflación brasileña de 1986, este país ya había sufrido dos hiperinflaciones, una en 1979 cuando el alza de precios alcanzó 100% y otra en 1983 cuando esta alza fue de 200%.

En 1985 y después de 21 años de dictadura militar, Brasil adoptó nuevamente un sistema democrático. Debido a las hiperinflaciones que se habían sufrido en los últimos años y para facilitar la implementación de las políticas económicas del nuevo gobierno, se decretó una congelación general de los precios. Sin embargo, esta medida no fue suficiente para evitar que los precios crecieran a grandes pasos, y empezó a asomarse una amenaza de hiperinflación mucho más fuerte que aquellas vividas en 1979 y 1983.

Para evitar un nuevo episodio de hiperinflación, el gobierno brasileño decidió implementar unas medidas conocidas como el Plan Cruzado. La primera medida fue cambiar la moneda nacional: se eliminó el cruceiro y se adoptó como moneda nacional el cruzado. Un cruzado sería equivalente a mil cruceiros. A la vez, se decretó una congelación general de precios.

Este plan logró mantener las tasas de inflación bajas por seis meses; sin embargo, menos de un año después los precios empezaron a subir descontroladamente y en junio de 1987 la tasa de inflación llegó a ser de 800% anual.

El caso de Brasil es un ejemplo de todas las precauciones que debe adoptar un gobierno si quiere controlar la tasa de inflación. El gobierno brasileño adoptó medidas parecidas a las de otros países latinoamericanos, como por ejemplo la congelación de precios y el cambio de la moneda nacional, no obstante, no fue igualmente estricto en el control de las finanzas del Estado, es decir, en la cantidad de gasto y en la forma de financiar este gasto. Esto llevó a que las medidas adoptadas no fueran suficientes y por lo tanto, a que se cayera en una hiperinflación más alta que las vividas en años anteriores.